un cuerpo similar a una cárcel,
y unos besos similares a una tortura.
A veces tan dulce y a veces tan agría.
Tenía voz de sirena, de peligro, de emergencia.
Tenía una espalda infinita
en la que cada vez que me perdía
volvía a aparecer atada a sus esposas.
Era el Gizmodo por las noches
y Verkhoyansk por el día.
El paso del calor de las sábanas
al frío de la habitación,
salir de la ducha en invierno
y un día de lluvia sin paraguas.
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