y un café en invierno.
Mi olor preferido
y el vestido que mejor me queda.
Una gota de agua en el desierto
y un faro en el océano.
Él era el sabor del chocolate,
de las fresas, del querer.
Una carta durante la guerra
y un bote salvavidas en pleno hundimiento.
Era una carrera de relevos
en la que siempre ganabas.
Y una atracción mutua
entre dos polos iguales.
Él era el mejor remedio casero
contra cualquier dolor insufrible.
Era el moonwalk,
una perfecta sincronización de movimientos.
Una tarta de cumpleaños,
una tarde de compras.
Una carcajada
en una peli de miedo.
Una colchoneta bajo una caída,
una sonrisa tras un par de lágrimas.
Una reconciliación,
la cura que todo científico desea encontrar.
Un suspiro de alivio en el peor momento,
la mejor noticia que se puediera emitir.
La satisfacción de ganar tras el esfuerzo,
y la de ver a un hijo por primera vez.
Él era melancolía
y nostalgia
y placer.
Era como ver tu pelicula favorita
por primera vez.
Era una profunda lectura
del mejor libro de poesías.
Era mi canción preferida
de la que nunca me cansaría.
Era un poema de amor
escrito por cualquier poeta enamorado.
Era el tono de llamada que todos ponemos,
una vuelta al mundo, incluso dos.
Era las lágrimas de orgullo
al escuchar el himno de tu país.
Una noche en París
y un atardecer en Venecia.
El anillo de compromiso de una novia,
el primer día de clase.
El olor a libro nuevo
y a vainilla.
Una canción cantada bajo un balcón,
y pedir un deseo a una estrella fugaz.
Era una larga siesta
tras una dura jornada.
Unos zapatos nuevos
y un bolso a juego.
Era un rayo de sol entrando por la ventana,
una sana flor en Chernobyl.
Era lo que se conocía por amor.
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