No me había dado cuenta hasta ahora que estaba lejos de ti y de mi, tan lejos que no nos veía, pero estaba cerca de chocar, tan cerca que no lo había visto.
Le he rezado al firmamento esperando que volvieras sin saber que nunca estuviste del todo, he dado mil pasos en falso aferrandome a cualquier cuerpo que quisiera salvarme con la estúpida contracción de que al borde de esa salvación me soltaba de sus manos y volvía en busca de las tuyas.
Manos que nunca encontraba aunque me estuvieran tocando. Veía calor donde había frío y luz donde había oscuridad, yo quería blanco y tu negro, yo si y tu no.
Al final, era una lucha por la supervivencia, tu el león y yo la cebra, pero nunca huía, solo corría hacia ti queriendo encontrar paz cuando solo había guerra.
Pero es la guerra más bonita, dulce (y a la vez amarga) que he perdido.

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