Me quedo horas mirandolo, esperando que al fin se queje y grite y me obligue en cierta manera a ir corriendo hacia él para hacerle callar.
Y no lo hace, ni grita, ni se enfada ni me dice en tono molesto lo mucho que necesita que le calme, y no lo hace.
Da igual que aún no haya sonado, que aún no me haya hecho recordar que aún me siente.
Seguiré sentada frente a él esperando lo que sea que este esperando.
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